Alycia...Perdida en este mundo donde las maravillas escasean... |
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![]() Bueno este es mi último post en este blog. Que no, que no es una despedida, alycia se traslada a otra madriguera en la que seguir escribiendo y curiosear...
![]() Ayer te besé en los labios. Hoy estoy besando un beso; ![]() Pedro Salinas - La voz a ti debida Pequeña Criatura![]() Voy a buscarte a la salida del trabajo,
(Pequeña Criatura, de Ismael Serrano) Un día como hoy...![]() Hoy podría escribir mil versos en tu piel. Hoy quería ser el reflejo en tus ojos de miel. Hoy… perdí la razón, un grito desesperado diciendo, te necesito, mi apasionado amor no me escuchó. Despiertas mis aves dormidas, las inquietas. Silencio tuyo, dolor mío, la herida de ambos. Hoy el miedo, hoy el cambio. Abrázame fuerte, y quiéreme una vez más.
Hace mucho que lo escribí, y hoy, ha aparecido en un cajón MILENIO![]() Nunca creí que ella terminara por hacerlo. Llevaba varios años decidiéndolo y advirtiéndome de que lo haría el día menos pensado, pero nunca creí que lo haría. Si hubiera sospechado lo más mínimo se lo hubiera impedido de cualquier manera posible, a pesar de que podría haber perdido mi trabajo. Ella siempre me decía que era un cobarde. Joder… Yo sabía que aquel día bombardearían todos los barcos que salieran del puerto destino a algún otro lugar. El presidente de la compañía lo dispuso meses antes. Sabía que aquel día en especial los activista intentarían joderle su fiesta de aniversario del golpe de estado que le permitió acceder al poder. Pero nunca imaginé que ella lo haría. Ella siempre me decía que era un cobarde. Ni siquiera pude ir a recoger su cuerpo. Los del ministerio de defensa me hubieran reconocido y no hubieran hecho la vista gorda, ya hay demasiado expedientes con mi nombre que se quedan archivados al final sin resolver por falta de pruebas en el ministerio de información. Sara ya no puede hacerme más favores… a pesar de que me al siga tirando los jueves y viernes por la noche porque el juez Miral tiene partida de cartas. Pobre Sara, eligió la supervivencia, pero no me imagino sus pechos flotando al compás de las embestidas de ese viejo de carnes desprendidas o lamiéndole con sus carnosos labios una polla arrugada como una pasa que eyaculará en su dulce cara. Sara lo pasó muy mal antes de ser la mujer del juez, recibió su venganza cuando su padre fue encarcelado por pederastia en vez de por la violación de su propia hija. La reputación de la mujer del juez debía ser impecable, así, la cambiaron de apellidos y no tuvo que participar en el juicio. Asunto arreglado, otro expediente de identidad falsa para una vida larga y cómoda, sin tener que pasar calamidades. Pero Sara sentía que si antes había sido la puta de su padre ahora lo era del juez Miral. Por eso se acostaba conmigo, para poder escapar de la realidad dos veces por semana, yo lo hacía para que limpiara el expediente de un agente urbano de incógnito que hubiera durado dos telediarios debido a que cada dos por tres ella, la hermana de Sara, aparecía junto a los activista que iban en contra de las manipulaciones que el gobierno llevaba a cabo cada día… violaciones de niñas en países extranjeros por los hijos consentidos de los todopoderosos, familias que menguaban misteriosamente a diario hasta desparecer la generación más joven, que podría ser de unos dos o tres años, a veces incluso meses… o simplemente sus padres desaparecían y ellos abandonados se morían por inanición, deshidratación, hipotermia… nadie tenía valor tampoco para responder a sus llantos, como mucho, tendrían valor para evitar una lenta agonía y se los quitaban de en medio para que luego, si les preguntaban la urbana, poder alegar que lo habían hecho en venganza porque sus padres eran activistas. Eran pocas las casas que no tenían algún lema escrito en al pared de su casa como defensa y en contra de los activistas. Ella se negó siempre a que en nuestra casa lo hubiera, sobre todo desde que supimos de su embarazo. Todo cambió a partir de ese día. Entre nosotros se abrió un gran abismo que nos separaba. Sara tampoco era capaz de que ella entrara en razón. Creo que ella empezó a sospechar demasiadas cosas acerca del gobierno, de Sara y yo… Ella, su pelo siempre olía como un campo llenito de flores en una tarde calurosa de primavera… de esas que el sol te avisa de las que te despides junto al sol en el horizonte. En la que las sombras se hacen más largas, pero más estrechas. Que luego terminas recordando toda tu vida y echando de menos. Ella siempre sonreía cuando yo le decía que olía a campo. Joder…yo tendría que haber evitado su muerte… Sara me ha llamado esta mañana, dice que los forenses detectaron lo de su embarazo, y que el embrión está siendo objeto de varias investigaciones científicas… No les bastaba con matarla… a esos hijos de puta no les bastaba con matarla, sino que le han hecho una autopsia y le han sacado sus tripas como si estuvieran limpiando un apestoso pescado muerto y se lo han quitado… ahora ella está muerta y mi hijo podría convertirse en cualquier cosa con tal de ayudar en los experimentos del ministerio de investigación y desarrollo… ya hay rumores entre la gente de que se han visto cosas raras por al noche en la zona de los indigentes. Están limpiando el barrio para poder edificar pisos de lujo o quien sabe si algún otro ministerio nuevo destinado a cualquier otra barbaridad. Ella tenía razón, somos sus jodidas marionetas, sus putas lubricando nuestros coños dispuestas a que nos la metan hasta el fondo y fingir un buen orgasmo… Todo se ha vuelto de un gris azulado carente de color… un color que se contagio y se transmite a todas las fachadas de la tiendas. Todo es de ese color azul triste carente de color… solo hay dos tipos de miradas de la gente, o los que ni siquiera pueden ver porque tienen una malformación genética, por supuesto, manipulación genética. Un ejército de muñequitos, todos iguales o de gran parecido, se pasean constantemente por las galerías, haciendo gala de sus sonrisas, de sus grandes ojos azules, de sus melenas largas y rubias… incluso tener el pelo rizado era un delito para ellos. Pero ella estaba igual de hermosa con su cabeza rapada después de haberse negado a llevarlo liso como el resto. Ella tenía razón, siempre fui un cobarde, siempre escondiendo para poder seguir viviendo, sin ser consciente de que lo que hago no es vivir, sino sobrevivir, como Sara, como tantos otros que nos tapamos los ojos ante los continuos abusos que a diario el gobierno comete delante de nuestras narices. Ella siempre me decía que algún día se iría y que le gustaría que me fuera con ella, porque quería volver a conocerme libre. Pero en cuanto la miraba, ella sabía que es lo que pensaba y me decía eres un cobarde, cualquier día me decido y me voy, y no vuelves a verme el pelo… y yo nunca creí que lo hiciera, pero ella lo tenía decidido casi desde el principio, solo quería ir convenciéndome para que me marchara con ella, y tuvo que hacerlo ese día. Sara me ha llamado esta mañana. Han encontrado su cuerpo hace escasas horas, tirado en el suelo del cuarto de baño sujetando un bote de pastillas y con una mezcla de vomito y sangre e el suelo, junto a su boca, quizás en el ultimo momento tuvo miedo y quiso dar marcha atrás. Sara nunca me avisó de que iba a hacerlo. Quizás, archivó demasiados expedientes y algún compañero la delató. Los periódicos dicen que sufría de una extraña enfermedad de la que los médicos carecen absolutamente de información. Al menos con Sara sentía que jodía algo que pertenecía al sistema. Ahora ya ni siquiera me queda eso… Llego al edificio donde está mi casa, entro en el portal y la Sra. Lola, la portera, se asoma a la escalera, me mira seria y con aire de desprecio, y acto seguido alza la mirada dirigiéndola por el hueco de la escalera y la dirige hacia mi rellano. Están allí esperándome, no hace falta que me lo diga. Decido subir las escaleras a pie en vez de esperar al ascensor, así me da tiempo a pensar antes de llegar meter la puerta en la cerradura, girarla y entrar a mí casa. No estro nervioso, no entro precipitadamente, ya sé que están allí esperándome. Me giro para depositar las llaves en la bandeja de cuero que hay en el pueblecito auxiliar de al entrada. Junto a su retrato. La miro. La sonrío… De repente y con fuerza mi cabeza es introducida en una bolsa de plástico. No pongo resistencia, sé que sería prolongar lo inevitable. Toda mi vida me he sentido como una basura. Ya era hora que alguien la sacara fuera. No me pesa, es mi amigo![]() Hijos de la misma noche, del mismo mes, y tal vez, por desgracia,
PD.- Chilindri, que te quiero, que te adoro, y ya sabes donde me tienes. Estaré pendiente de ti de todas formas. Muchas fuerzas y muchos animos, nenica, qeu ella es muy fuerte y tu lo sabes. Te quiero. Mogollon de besos... SI ESTÁS TÚ![]() Cuando percibes que el tiempo se va y llega el quiero y nopuedo evitar dislumbras algo cercano al final y te preguntas si dolerá.
No se si el mundo camina peor pero es seguro que reventará siempre buscando una mágica solución y a veces ignoras la debilidad.
No importa ver su paz, si estás tú. Soportas lo peor, si estás tú. Aguantas el tirón, si estás tú. Si estás tú, no importa si estás tú.
Si en tu mirada me invento la luz, si tiemble el mundo cuando dices tú, si tu sonrisa me impide temer, si la ansiedad va muriendose en tu piel.
Me tengo qeu aguantar si estás tú. No importa, me da igual si estás tú. Me voy a rebelar si estás tú. Si estás tú, no importa, si estás tú.
Si estás tú.
Si estás tú, no importa nada, si estás tú.
Si estás tú...
Letra: Reincidentes (Disco: Dementes) PD.- Dedicado a Victor, DELTODO. La detención de Max Estrella![]() Max: ¡Traigo detenida una pareja de guindillas! Estaban emborrachándose en una tasca y los hice salir a darme escolta. Serafín El Bonito: Corrección, señor mío. Max: No falto a ella, señor delegado. Serafín El Bonito: Inspector. Max: Todo es uno y lo mismo. Serafín El Bonito: ¿Cómo se llama usted? Max: Mi nombre es Máximo Estrella. Mi seudónimo, Mala Estrella. Tengo el honor de no ser académico. Serafín El Bonito: Está usted pasándose. Guardias, ¿por qué viene detenido? Un guardia: Por escándalo en la vía pública y gritos internacionales. ¡Está algo briago! Serafín El Bonito: ¿Su profesión? Max: Cesante. Serafín El Bonito: ¿En qué oficina ha servido usted? Max: En ninguna. Serafín El Bonito: ¿No ha dicho usted que es cesante? Max: Cesante de hombre libre y pájaro cantor. ¿No me veo vejado, vilipendiado, encarcelado, cacheado e interrogado? Serafín El Bonito: ¿Dónde vive usted? Max: Bastardillos. Esquina a San Cosme. Palacio. Un guindilla: Diga usted casa de vecinos. Mi señora, cuando aún no lo era, habitó un sotabanco de esa susodicha finca. Max: Donde yo vivo, siempre es un palacio. El guindilla: No lo sabía. Max: Porque tú, gusano burocrático, no sabes nada. ¡Ni soñar! Serafín El Bonito: ¡Queda usted detenido! Max: ¡Bueno! Latino, ¿hay algún banco donde pueda echarme a dormir? Serafín El Bonito: Aquí no se viene a dormir. Max: ¡Pues yo tengo sueño! Serafín El Bonito: ¡Está usted desacatando mi autoridad! ¿Sabe usted quién soy yo? Max: ¡Serafín El Bonito! Serafín El Bonito: ¡Como usted repita esa gracia, de una bofetada, le doblo! Max: ¡Ya se guardará usted del intento! ¡Soy el primer poeta de España! ¡Tengo influencia en todos los periódicos! ¡Conozco al ministro! ¡Hemos sido compañeros! Serafín El Bonito: El señor ministro no es un golfo. Max: Usted desconoce la historia moderna. Serafín El Bonito: ¡En mi presencia no se ofende a Don Paco! Eso no lo tolero. ¡Sepa usted que Don Paco es mi padre! Max: No lo creo. Permítame usted que se lo pregunte por teléfono. Serafín El Bonito: Se lo va usted a preguntar desde el calabozo. Son Latino: Señor inspector, ¡tenga usted alguna consideración! ¡Se trata de una gloria nacional! ¡El Víctor Hugo de España! Serafín El Bonito: Cállese usted. Don Latino: Perdone usted mi entrometimiento. Serafín El Bonito: ¡Si usted quiere acompañarlo, también hay para usted alojamiento! Don Latino: ¡Gracias, señor inspector! Serafín El Bonito: Guardias, conduzcan ustedes ese curda al número 2. Un guardia: ¡Camine usted! Max: No quiero. Serafín El Bonito: Llévenle ustedes a rastras. Otro guardia: ¡So golfo! Max: ¡Que me asesinan! ¡Que me asesinan! Una voz modernista: ¡Bárbaros! Don Latino: ¡Que es una gloria nacional! Serafín El Bonito: Aquí no se protesta. Retírense ustedes. Otra voz modernista: ¡Viva la Inquisición! Serafín El Bonito: ¡Silencio o todos quedan detenidos! Max: ¡Que me asesinan! ¡Que me asesinan! Los guardias: ¡Borracho! ¡Golfo! El grupo modernista: ¡Hay que visitar las redacciones!
Escena V (Luces de bohemia - Valle Inclán) La foto: Premios Lux de fotografía - Oro - Retrato Who wants to live for ever![]() There's no time for us Para este fin de semana os deja la letra de una cancion que siempre consigue ponerme los pelos de punta... del grandisimo Freddy Mercury y su banda.... Progreso...![]() Porque podríamos objetar: ¿acaso no constituye un logro positivo de placer, un innegable aumento de la sensación de felicidad, el hecho de poder escuchar tantas veces como desee la voz del hijo que vive a centenares de kilómetros de mi lugar de residencia? ¿O que mi amigo me comunique, inmediatamente después de haber desembarcado, que ha sobrellevado bien el largo y penoso viaje? ¿Acaso no tiene importancia que la medicina haya conseguido reducir tanto la mortalidad infantil y el riesgo de infección de las parturientas y que se llegue a prolongar la media de la longevidad humana en un número considerable de años? Y todavía podríamos añadir una larga lista de estos beneficios que hemos de agradecer a la tan menospreciada era del progreso técnico y científico; sin embargo, ya oímos la voz de la crítica pesimista que nos recuerda que la mayoría de estas satisfacciones sería como aquella "distracción barata" que recomendaba cierta anécdota y que consistía en sacar en las frías noches de invierno la pierna desnuda de debajo de la manta y, después, volverla a cubrir. Si no existiera el ferrocarril, que permite superar las distancias, el niño nunca tendría que abandonar la población natal y, por lo tanto, tampoco tendríamos la necesidad de escuchar su voz por teléfono. Y, si no existiera la navegación transoceánica, el amigo tampoco habría emprendido el viaje marítimo y yo no necesitaría el telegrama para apaciguar mis temores. ¿De qué me sirve la reducción de la mortalidad infantil si, precisamente por culpa de ello, nos hemos de reprimir a la hora de engendrar criaturas, de modo que, a fin de cuentas, no criamos más niños que en la épocas anteriores al dominio de la higiene, pero sí que nuestra vida sexual en el matrimonio se halla sometida a difíciles condiciones y probablemente actúa en contra de la benéfica selección natural? Y, finalmente, ¿para qué esta larga vida, si acaba resultando tan penosa, carente de alegrías y tan llena de sufrimientos que sólo podemos dar la bienvenida a la muerte como una liberación?
FREUD, Sigmund. El malestar en la cultura, 1970 |
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