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Alycia...

Al Señor de las Brumas II

Al Señor de las Brumas II

Cuando Pedro se marchó y me dejó en la cama ya sin mis ataduras y pensando en ese amigo que traería al día siguiente, me dije a mi misma que no podía defraudarle, quería que se sintiera orgulloso de mí. A fin de cuentas, desde la muerte de mis padres, Pedro se había hecho cargo de mí y se había convertido en mi protector. Y esa situación me resultaba agradable y me hacía sentir cómoda. Pero y si el hombre que trajera Pedro no me gustaba o me trataba mal o me hacía daño… me daba miedo, y al mismo tiempo me auto convencía de que Pedro no me pondría en peligro. Inmersa en estos pensamientos me quedé dormida.

Un placer en mi entrepierna hacía que me retorciese de gusto a la vez que me iba despertando. Una mano desconocida serpenteaba en mi sexo hábilmente, Pedro permanecía apoyado en el marco de la puerta observando mi repuesta ante tal estímulo. Un hombre alto, fornido, aproximadamente de la misma edad que Pedro, vestido con ropas muy cómodas y de telas exquisitamente ostentosas alargaba un brazo fuerte que terminaba en una mano de gran tamaño que serpenteaba en mi sexo. Mis muñecas estaban de nuevo sujetas al cabecero de la cama, aunque esta vez los pies no, yo no puse objeción alguna ante tal situación, y lo cierto es que si el día anterior mi sexo respondía sin querer con Pedro, aquel extraño de mirada penetrante hacía que me retorciese de placer conscientemente y eso me excitaba aun más. Llevaba el pelo largo, muy cuidado, liso, negro como la noche y brillante como el charol. Yo rogaba a Dios para que no cesara el movimiento de sus dedos por nada del mundo. Pedro sabía rodearse de gente muy selecta, desde luego este caballero lo era, no solo por lo ostentoso de su ropa, también en sus gestos, en su mirada… en general su forma de moverse por la habitación sin dejar de atraparme en su mirada y en su mano.

-                          Está bien educada – le dijo a Pedro con una voz que me enamoró. Masculina. Grave. Segura y a la vez delicada. – Si se sigue portando así de bien tendré que comprártela… es preciosa. – alargó la mano con la que había estado masturbando mi sexo a mi boca y mirándole a los ojos le pedí permiso para poder saborear el néctar del que estaba impregnada. Con un gesto me dio permiso acercándome aun más la mano y yo le dediqué una pequeña felación a cada uno de los cinco dedos que componían la mano más hermosa que había visto en mi vida en un hombre. Por su aspecto se notaba que se las cuidaba con celo, seguramente tocaba algún instrumento musical.

-                          Te lo dije… - Le iba diciendo Pedro mientras se marchaban y cerraban la puerta del cuarto.

De nuevo sola, de nuevo atada y principalmente con ganas de sentir a aquel hombre misterioso terminar la tarea que había empezado con sus dedos, necesitaba saciar mi curiosidad sobre él… porque con él había tenido la misma sensación que cuando entras a una discoteca y ves que en la otra punta de la barra hay un hombre que te gusta demasiado y sientes la imperiosa necesidad de ir a coquetear con el a pesar de que algo en tu interior te dice que no debes y esa misma sensación te hace seguir adelante. Pues eso mismo me pasaba a mí con él. No le había visto nunca, no le había odio hablar antes, nunca habíamos estado en la misma habitación cruzando nuestras miradas por un golpe del destino, y sin embargo sentía como ardía por dentro el deseo que iba consumiendo mis entrañas de ser poseída por él, de ser suya, de que no mirase a nadie más como a mí… y desde ese momento ese deseo se convirtió en fin y objetivo de mi existencia sin apenas darme cuenta de ello.

Por la tarde vino pedro a traerme algo de comer y a desatarme para estar lista y dispuesta para la visita de aquel hombre. Me advirtió que sería muy importante para mí si lo hacía bien, y que sobre todo no tuviera miedo, que no me haría ningún daño. Dejó encima de la cama unas medias con costura atrás en negro, un liguero y un corsé a conjunto que apenas me sujetaba sin taparme los pechos. Unos zapatos de tacón negros y me pidió que me maquillara sin exageraciones y me arreglara el pelo, las uñas y me afeitara por completo. Que fuera breve y que le avisara cuando terminara.

Así lo hice y Pedro me dio su visto bueno. Estaba lista para empezar la sesión con el que Pedro llamó SEÑOR DE LAS BRUMAS.

6 comentarios

Mesalina -

Ah mi Señor. Cómo te echo de menos. Han pasado los años y aún sigo buscándote.

Enfermo de amor -

Una buena atmósfera y un comportamiento elegante por parte de los amantes es lo más excitante que puede pedirse... no he probado el bdsm, todavía, aunque pronto contaré una experiencia parecida que tuve. Un blog muy sincero, felicidades

El Señor de Las Brumas -

En efecto, creo que vas a ser una alumna más que aventajada.
En las tórridas siestas de verano se acelera tu pulso y - en sueños - llega hasta tí Mi llamada. Aquella que te convoca a las noches de Mi Mansión.
Allí te espero. En el Salón donde se harán realidad todas tus fantasías.
Prepárate bien para Mí. Gánate el puesto de Favorita que tanto anhelas...

southmac -

Alicia, has conseguido acelerarme el pulso. Bueno... todos los pulsos.

mas -

ah! se me olvidaba, como tú dices comparto eso de que "no hay senderos en el sexo q yo no pueda recorrer"...sería de tontos no disfrutar de cada uno de los caminos que nos conduce al placer con mayúsculas...

mas -

¡Qué maravilla! la verdad es que hay muy pocas cosas comparables a una buena sesión de bdsm.

besos y gracias por el consejo, sigue dándome más ideas :)